¡Mi segundo blog! Este sólo para letras...
Aquí encontraréis textos, trocitos de cuentos, cuentos, algo de mitología (si el tiempo me permite continuar instruyéndome) y enlaces a sitios más que interesantes si os gusta escribir, leer o enseñar. ¡Bienvenidos!
Por si os interesa: la imagen que he puesto como fondo pertenece a Kelly Vivanco. www.kellyvivanco.com
Por si os interesa: la imagen que he puesto como fondo pertenece a Kelly Vivanco. www.kellyvivanco.com
jueves, 24 de mayo de 2012
¡Hola visitantes del agujero! Hoy ha sido el último día de clase. Ahora, a estudiar para los exámenes. El día 19 de junio tenemos el último y a partir de ahí... Podría decir: "¡Libre!", pero espero trabajar durante julio y agosto para ahorrar para el próximo curso. A mi marido le han tocado los recortes en empleo así que hay que hacer todo lo que se pueda.
Bueno, pues nada. Prometo escribir más este verano.
Besitos y buenas noches, visitantes del agujero.
jueves, 29 de marzo de 2012
Melocotón
"...El anciano, de profundas arrugas como surcos en la tierra, donde anidaban plantados y germinando infinitos recuerdos, se moría e intentaba acariciar mi rostro en el aire. La niña del parque lloraba, quería devolverme mi nombre. Mis padres habían plantado violetas y mi hermano se había hecho mayor.
La muerte se acercaba inexorable, fatídica, sin prisa. Sin pausa. Y entonces lo escuché. El murmullo, el susurro que creí del agua o de las copas de los árboles no era sino la voz, que atendiendo a la súplica de mi alma, regresaba.
Y me comió poco a poco, a bocaditos pequeños y de mi cuerpo tan sólo quedaron los ojos que lo miraban y lo miraban, que ahora podían verlo. Pero también comió mis ojos y allí quedé.
El viento y el bosque me cuidan y la vida me acompaña. Porque no quieren que muera y yo no quiero morir."
"Melocotón" (fragmento)
La muerte se acercaba inexorable, fatídica, sin prisa. Sin pausa. Y entonces lo escuché. El murmullo, el susurro que creí del agua o de las copas de los árboles no era sino la voz, que atendiendo a la súplica de mi alma, regresaba.
Y me comió poco a poco, a bocaditos pequeños y de mi cuerpo tan sólo quedaron los ojos que lo miraban y lo miraban, que ahora podían verlo. Pero también comió mis ojos y allí quedé.
El viento y el bosque me cuidan y la vida me acompaña. Porque no quieren que muera y yo no quiero morir."
"Melocotón" (fragmento)
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Melocotón
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Hasta dentro de un ratito
Bueno, ya lo he dicho en "el Agujero del Topo", me voy hasta nueva orden. La facultad no es moco de pavo y hay que dedicarle tiempo. Espero seguir pasándome por aquí y por allí, pero perdonadme si no es muy a menudo.
Seguid visitándome, por favor, prometo volver.
Besos, buenas noches y hasta pronto, visitantes del otro agujero.
Seguid visitándome, por favor, prometo volver.
Besos, buenas noches y hasta pronto, visitantes del otro agujero.
domingo, 4 de septiembre de 2011
El amante del Tiempo pirograbado
Los rayos del sol, como raíces de luz, se internaron en lo profundo de la tierra. Escarbaron y escarbaron hasta encontrar la semilla. La acariciaron con amor, un amor desesperado y despertó.
Pasaron los días, los meses… los años. Pasó la lluvia, la nieve. Pasó el sol. Y después de mucho tiempo, tanto que resultaba impensable, allí estaba él: el árbol, tan hermoso y antiguo como la propia vida.
Había crecido. Sus ramas ascendían en busca de la ambarina luz solar. Su cuerpo, surcado de arrugas, se retorcía emergiendo de la tierra, alejándose de ella con la lentitud y la calma de las horas. Sin pausa. Sin prisa.
El infinito formaba parte de él y también la espera. Y la paciencia.
El árbol aguardaba, majestuoso y viril, anhelante y esperanzado. Firmemente vivo. Inamovible en su baile de quietud y de paz.
Amaba al Tiempo, aquel que nunca estaba pero que no dejaba de pasear junto a él. Aquel que lo ayudaba a crecer, que llamaba a la lluvia y despertaba al sol.
El Tiempo, marcado a fuego en cada surco de su piel, en cada anillo de su cuerpo. Su amante, su más fiel y permanentemente efímero compañero.
El árbol, que envejecía despacio, pero envejecía, que viviría más que el bosque, pero no para siempre, deseaba anhelante el contacto físico del Tiempo y éste se escurría entre sus hojas, como el viento, pero sin hacerlo cantar.
Una noche, entre la niebla que corría, vio acercarse a una dulce y etérea mujer. La muchacha acarició su tronco y lo hizo vibrar, besó su piel y el árbol se estremeció. Grabó su nombre con letras de fuego y se sintió morir, pero de una muerte dulce y eterna que no acabó con su vida a la mañana siguiente, ni al cabo de unos días, ni tampoco en años. Una muerte que lo fue invadiendo poco a poco, de manera suave e interminable hasta que ella regresara y se lo llevara al fin.
El árbol sabía que no sería pronto, pero que sería, que el Tiempo también lo amaba y lo amaría. Así que aceptó su destino: la espera perenne y mágica de quién aguarda por amor.
Pasaron los días, los meses… los años. Pasó la lluvia, la nieve. Pasó el sol. Y después de mucho tiempo, tanto que resultaba impensable, allí estaba él: el árbol, tan hermoso y antiguo como la propia vida.
Había crecido. Sus ramas ascendían en busca de la ambarina luz solar. Su cuerpo, surcado de arrugas, se retorcía emergiendo de la tierra, alejándose de ella con la lentitud y la calma de las horas. Sin pausa. Sin prisa.
El infinito formaba parte de él y también la espera. Y la paciencia.
El árbol aguardaba, majestuoso y viril, anhelante y esperanzado. Firmemente vivo. Inamovible en su baile de quietud y de paz.
Amaba al Tiempo, aquel que nunca estaba pero que no dejaba de pasear junto a él. Aquel que lo ayudaba a crecer, que llamaba a la lluvia y despertaba al sol.
El Tiempo, marcado a fuego en cada surco de su piel, en cada anillo de su cuerpo. Su amante, su más fiel y permanentemente efímero compañero.
El árbol, que envejecía despacio, pero envejecía, que viviría más que el bosque, pero no para siempre, deseaba anhelante el contacto físico del Tiempo y éste se escurría entre sus hojas, como el viento, pero sin hacerlo cantar.
Una noche, entre la niebla que corría, vio acercarse a una dulce y etérea mujer. La muchacha acarició su tronco y lo hizo vibrar, besó su piel y el árbol se estremeció. Grabó su nombre con letras de fuego y se sintió morir, pero de una muerte dulce y eterna que no acabó con su vida a la mañana siguiente, ni al cabo de unos días, ni tampoco en años. Una muerte que lo fue invadiendo poco a poco, de manera suave e interminable hasta que ella regresara y se lo llevara al fin.
El árbol sabía que no sería pronto, pero que sería, que el Tiempo también lo amaba y lo amaría. Así que aceptó su destino: la espera perenne y mágica de quién aguarda por amor.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Yanojarag, la isla de los cuatro cantones (fragmento)
“La noche se cernía sobre la cabeza de Lyon que aceleró el paso.
En cualquier otro lugar una noche de verano hubiera invitado a salir a la calle y disfrutar del aire fresco y de la compañía de la gente, pero en Aleuzenev estas cálidas noches sólo ahuyentaban a las personas empujándolas al interior de sus casas.
El sol ya no se veía en el horizonte y Lyon comenzó a correr. Se había alejado demasiado de casa y no había calculado cuánto iba a costarle regresar, su madre debía de estar preocupada.
Alcor brilló en el cielo nocturno todavía con rastros de luz del día. Con la salida de la primera estrella los ailati abandonaban el bosque y eran mucho más rápidos que ella. Las piernecitas de Lyon, que acababa de cumplir nueve años, no podían ir más rápido. Giró la cabeza y miró el bosque, pálidas y borrosas manchas comenzaron a salir de él a toda prisa. "¡Alula, ayúdame!" , rogó y continuó corriendo. Las puertas del pueblo se cerrarían en cuanto Mizar, la segunda estrella, fuera visible en el cielo, no podía tardar tanto. Miró atrás de nuevo, los ailati se acercaban peligrosamente, sus balbuceos agónicos arrastrados por el viento llegaban hasta sus aterrados oídos.
- ¡Idieh, Idieh, no cierres las puertas! ¡Estoy aquí! - Lyon gritó desesperada con la esperanza de que la guardiana de la puerta la oyera. - ¡Idieh!
Las babas de los ailati volaron hasta rozar el rostro de Lyon que ahora no se atrevió a darse la vuelta.
- ¡Corre Lyon, los tienes encima! - Pero aún así la puerta comenzó lentamente a cerrarse. La niña saltó y logró atravesarla en el último momento. Un ailati alcanzó a pasar un brazo. Idieh cerró y se lo cortó de cuajo con los dientes afilados del lateral de la puerta. El brazo comenzó a retorcerse y a emitir una especie de lamento y de la parte seccionada comenzaron a salir vísceras que se hubiesen convertido en otro ailati si Lyon no le hubiese echado talitha hirviendo por encima.
- Ha estado muy cerca esta vez. Tu madre no va a dejarte salir en un mes. …”
En cualquier otro lugar una noche de verano hubiera invitado a salir a la calle y disfrutar del aire fresco y de la compañía de la gente, pero en Aleuzenev estas cálidas noches sólo ahuyentaban a las personas empujándolas al interior de sus casas.
El sol ya no se veía en el horizonte y Lyon comenzó a correr. Se había alejado demasiado de casa y no había calculado cuánto iba a costarle regresar, su madre debía de estar preocupada.
Alcor brilló en el cielo nocturno todavía con rastros de luz del día. Con la salida de la primera estrella los ailati abandonaban el bosque y eran mucho más rápidos que ella. Las piernecitas de Lyon, que acababa de cumplir nueve años, no podían ir más rápido. Giró la cabeza y miró el bosque, pálidas y borrosas manchas comenzaron a salir de él a toda prisa. "¡Alula, ayúdame!" , rogó y continuó corriendo. Las puertas del pueblo se cerrarían en cuanto Mizar, la segunda estrella, fuera visible en el cielo, no podía tardar tanto. Miró atrás de nuevo, los ailati se acercaban peligrosamente, sus balbuceos agónicos arrastrados por el viento llegaban hasta sus aterrados oídos.
- ¡Idieh, Idieh, no cierres las puertas! ¡Estoy aquí! - Lyon gritó desesperada con la esperanza de que la guardiana de la puerta la oyera. - ¡Idieh!
Las babas de los ailati volaron hasta rozar el rostro de Lyon que ahora no se atrevió a darse la vuelta.
- ¡Corre Lyon, los tienes encima! - Pero aún así la puerta comenzó lentamente a cerrarse. La niña saltó y logró atravesarla en el último momento. Un ailati alcanzó a pasar un brazo. Idieh cerró y se lo cortó de cuajo con los dientes afilados del lateral de la puerta. El brazo comenzó a retorcerse y a emitir una especie de lamento y de la parte seccionada comenzaron a salir vísceras que se hubiesen convertido en otro ailati si Lyon no le hubiese echado talitha hirviendo por encima.
- Ha estado muy cerca esta vez. Tu madre no va a dejarte salir en un mes. …”
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported.
martes, 9 de agosto de 2011
"Paloma y Thot" (fragmento)
“Las estrellas no regresaban. El cielo nocturno continuaba pintado en oscuros marengos, sin brillos, sin hebras de plata. Sin Luna. Nadie sabía dónde se habían marchado pero no estaban.
Una noche, de esas en las que el fuego no reconforta y el chocolate no proporciona paz, Paloma salió al exterior y observó. Nada. Oscuridad tras oscuridad, sólo una luz iluminaba su corazón, la suya. Dentro de dos días se reuniría el Consilium y nadie tenía una solución para el problema... excepto ella. La pequeña hada había tomado una decisión, quizá la más importante de su vida. Volaría. Volaría alto y lejos. Marcharía a las lejanas tierras de Stela y pediría audiencia a Thot, el dios de la Luna, el señor del Tiempo, el escriba de Nut, la diosa de la Cúpula Celeste.”
"El viaje sería largo y el Consilium entero le pediría que no lo hiciera, pero no podrían negarse...
- Soy la hija de Ainotna, la mejor y más resistente voladora que hay entre nosotros. Ella ya no puede hacer este viaje, yo sí. -les diría - En su nombre y en el vuestro hablaría, pues me habéis enseñado bien, y convencería, primero a Thot y a Nut más tarde, de que me explicasen qué es lo que le pasa al cielo, por qué las estrellas no regresan, por qué la luna ya no lo agujerea de noche, por qué, por qué, por qué. - No, no podrían negarse.
Llegó el día y permitieron que se marchara. Entendieron, como no podía ser de otra manera, que debía emprender el viaje y que debía hacerlo sola. Paloma regresó a casa y miró a su madre por última vez en mucho tiempo:
- No te preocupes, madre, regresaré con las estrellas y con la luna para que el cielo vuelva a ser tu cielo, el que conocías y entonces, despertarás. - El beso que le dio en la frente entró en Ainotna como un cálido abrazo y, sin que la pequeña hada se diese cuenta, supo su madre que todavía quedaba esperanza.
- Adiós, yaya, nos vemos en un futuro, espero, no muy lejano.
La abuela la vio partir, hacerse pequeña en el horizonte y no cerró la puerta hasta que la luz del sol emergente le cegó los ojos."
Una noche, de esas en las que el fuego no reconforta y el chocolate no proporciona paz, Paloma salió al exterior y observó. Nada. Oscuridad tras oscuridad, sólo una luz iluminaba su corazón, la suya. Dentro de dos días se reuniría el Consilium y nadie tenía una solución para el problema... excepto ella. La pequeña hada había tomado una decisión, quizá la más importante de su vida. Volaría. Volaría alto y lejos. Marcharía a las lejanas tierras de Stela y pediría audiencia a Thot, el dios de la Luna, el señor del Tiempo, el escriba de Nut, la diosa de la Cúpula Celeste.”
"El viaje sería largo y el Consilium entero le pediría que no lo hiciera, pero no podrían negarse...
- Soy la hija de Ainotna, la mejor y más resistente voladora que hay entre nosotros. Ella ya no puede hacer este viaje, yo sí. -les diría - En su nombre y en el vuestro hablaría, pues me habéis enseñado bien, y convencería, primero a Thot y a Nut más tarde, de que me explicasen qué es lo que le pasa al cielo, por qué las estrellas no regresan, por qué la luna ya no lo agujerea de noche, por qué, por qué, por qué. - No, no podrían negarse.
Llegó el día y permitieron que se marchara. Entendieron, como no podía ser de otra manera, que debía emprender el viaje y que debía hacerlo sola. Paloma regresó a casa y miró a su madre por última vez en mucho tiempo:
- No te preocupes, madre, regresaré con las estrellas y con la luna para que el cielo vuelva a ser tu cielo, el que conocías y entonces, despertarás. - El beso que le dio en la frente entró en Ainotna como un cálido abrazo y, sin que la pequeña hada se diese cuenta, supo su madre que todavía quedaba esperanza.
- Adiós, yaya, nos vemos en un futuro, espero, no muy lejano.
La abuela la vio partir, hacerse pequeña en el horizonte y no cerró la puerta hasta que la luz del sol emergente le cegó los ojos."
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported.
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Paloma y Thot
domingo, 24 de julio de 2011
lsadjfañlsjdioa
Quería escribir algo, pero no sé qué y para escribir una caca pues no escribo
:( Me voy a la cama, leeré un poquito y a dormir que es muuuuuuu tarde.
Buenas noches, visitantes del agujero.
:( Me voy a la cama, leeré un poquito y a dormir que es muuuuuuu tarde.
Buenas noches, visitantes del agujero.
domingo, 17 de julio de 2011
Por si queréis utilizarlo, seguirlo o darle un final.
No hubo caballero andante que la protegiera de aquello. "¡No me dejes!", gritó, pero la montaña se alejaba cada vez más y con ella toda esperanza de salvación. "¡Quédate!", gritó de nuevo, desesperada, sin embargo la montaña no quiso escucharla; cada vez más lejos, a cada momento más pequeña. "No... no... ¿Qué va a ser de mí ahora?" El agua le cubría los pies y continuaba ascendiendo hacia sus rodillas. La caricia temblorosa y fría del agua ya no la dejaba indiferente.
Cosas.
La vida se compone de pedazos de cielo y de infierno que nos van formando como personas. A veces, no siempre, el día entero te lo pasas sobre una nube de la que no bajarías nunca. Otras, en cambio, todo es un asco.
Y, en realidad, no es lo que te pasa lo que rige tu vida, si no la manera en que decides que te afecte o no.
Y, en realidad, no es lo que te pasa lo que rige tu vida, si no la manera en que decides que te afecte o no.
lunes, 4 de julio de 2011
La espera
He rehecho el monólogo de "La espera". Si queréis volver a leerlo tenéis el enlace a mano izquierda en CUENTOS Y RELATOS.
Besos.
Besos.
sábado, 11 de junio de 2011
"El último enviado"
Esto fue lo que escribí como tarjeta de felicitación para un amiguito de mi hijo, Raúl.
“La primavera en mi tierra era sobre todo verde, un verde intenso que envolvía cada brizna de hierba, cada hoja de algarrobo, cada aguja de aliaga.
Las montañas mordían el horizonte con picos agudos de un turbio azul oscuro. Allí era donde debía dirigirme. Tras aquellas moles de piedra y vida se encontraba el reino de Nogara, la última esperanza del mío, Aicnelav.
Se avecinaban tiempos oscuros que acudirían en tropel a sacudir nuestras pacíficas vidas y el señor de mi pueblo había depositado todas sus esperanzas en mí, capitán de sus ejércitos, hijo de la valiente guerrera Iram y de Leirbag el herrero, quien me proveyó de la espada y el escudo que me valdrían el sobrenombre de “el invencible”.
Pero tenía miedo. Hubiese sido un inconsciente y un temerario, cualidades poco valoradas en un capitán, si no lo hubiera tenido. La tarea que se me encomendaba llevaba consigo una gran responsabilidad pues ya no sólo dependían de mí mis guerreros sino también todo mi pueblo. Así comencé el largo viaje, rodeado de mis mejores hombres y mujeres, enviándolos hacia un destino incierto, el mío.
Y aquí es donde comienza mi historia y soy yo quien la firmo, Raúl Soyoh Alluz, el último enviado, el que libró la Gran Batalla de las llanuras de Valentia y sobrevivió.”
Al menos, es más personal. Es algo especialmente escrito para el niño y hecho con todo el corazón. Algún día podría convertirse en parte de una historia, sin embargo y de momento, seguirá siendo un fragmento a modo de dedicatoria.
“La primavera en mi tierra era sobre todo verde, un verde intenso que envolvía cada brizna de hierba, cada hoja de algarrobo, cada aguja de aliaga.
Las montañas mordían el horizonte con picos agudos de un turbio azul oscuro. Allí era donde debía dirigirme. Tras aquellas moles de piedra y vida se encontraba el reino de Nogara, la última esperanza del mío, Aicnelav.
Se avecinaban tiempos oscuros que acudirían en tropel a sacudir nuestras pacíficas vidas y el señor de mi pueblo había depositado todas sus esperanzas en mí, capitán de sus ejércitos, hijo de la valiente guerrera Iram y de Leirbag el herrero, quien me proveyó de la espada y el escudo que me valdrían el sobrenombre de “el invencible”.
Pero tenía miedo. Hubiese sido un inconsciente y un temerario, cualidades poco valoradas en un capitán, si no lo hubiera tenido. La tarea que se me encomendaba llevaba consigo una gran responsabilidad pues ya no sólo dependían de mí mis guerreros sino también todo mi pueblo. Así comencé el largo viaje, rodeado de mis mejores hombres y mujeres, enviándolos hacia un destino incierto, el mío.
Y aquí es donde comienza mi historia y soy yo quien la firmo, Raúl Soyoh Alluz, el último enviado, el que libró la Gran Batalla de las llanuras de Valentia y sobrevivió.”
Al menos, es más personal. Es algo especialmente escrito para el niño y hecho con todo el corazón. Algún día podría convertirse en parte de una historia, sin embargo y de momento, seguirá siendo un fragmento a modo de dedicatoria.
domingo, 29 de mayo de 2011
¡Soy apta!
Bueno, esta entrada está en mi primer blog aquí sólo la pongo para deciros que ahora ya puedo volver a escribir.
Besitos.
Besitos.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Lo que escribo
Hola, visitantes del agujero. Me han preguntado en varias ocasiones si lo que hay escrito aquí en "el agujero del Topo que escribe" es mío. Pues sí, todo lo que podéis leer de momento es de cosecha propia. Más adelante, ahora que he acabado los exámenes, quisiera poner algunas curiosidades mitológicas o algún fragmento de alguna novela que me haya gustado especialmente o cosas así, pero siempre que no sea mío, llevará el nombre del autor/a. Si no está firmado es porque salió de la mente de una servidora.
Besitos.
Besitos.
miércoles, 20 de abril de 2011
Fragmento
“… - Nunca imaginé que la vida pudiera traerte hasta mí. Tan sólo esperaba verte una última vez, desde mi rincón en penumbra, desde mi discreto segundo plano. Escondido entre abedules, tras tu sombra, protegiéndote siempre. Amándote siempre. Y ahora estás aquí diciendo que me quieres, que me esperarás, que aguardarás anhelante mi regreso. Cuándo comenzaste a amarme que no me di cuenta. Cómo fuiste capaz de conocerme si ni yo mismo me conozco. Qué es lo que has visto en mí que yo no veo.
- Tus ojos siempre me han dicho la verdad. Tras ese verde bosque se escondía y lo sigue haciendo, un amor inesperado y profundo. He sabido que estabas ahí, pero no como ahora. Bésame. Bésame porque te adoro.
Y partió, como muchos antes que él y como tantos otros lo harían después. La guerra era inminente. Ktahür y los idólatras habían regresado …”
- Tus ojos siempre me han dicho la verdad. Tras ese verde bosque se escondía y lo sigue haciendo, un amor inesperado y profundo. He sabido que estabas ahí, pero no como ahora. Bésame. Bésame porque te adoro.
Y partió, como muchos antes que él y como tantos otros lo harían después. La guerra era inminente. Ktahür y los idólatras habían regresado …”
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Fragmento
Las crónicas del rey Héctor (fragmento)
“… La princesa de los Ággelos acarició a la bestia que ahora dormía. Y mientras le transmitía su calor y su ternura, llamó a su señor: “Héctor, mi rey, aquí está Querub esperando vuestra solemne presencia, como os dije. El Kaan de los rennecattus ha venido y os aguarda. No os demoréis pues el tiempo no corre a su favor. Le estoy dando parte de mi luz pero si tardáis no será suficiente.” Héctor escuchó la llamada y atendió la súplica. Su cuerpo se materializó ante la princesa y el rennecattus. Entonces, la bestia abrió los ojos y sonrió …”
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